Los Jóvenes de Hoy en Día

14 septiembre 2014 at 1:50

Hola! Me llamo Rodrigo, tengo casi 30 años y soy una persona cercana a la tecnología de la era digital, he trabajado en algunos proyectos interesantes y entiendo relativamente bien cómo funciona un computador desde la fuente de poder a la pantalla… Cualquiera diría que soy un sujeto que vive eso que le llaman “la modernidá”, pero la verdad es que soy un tatita.

Soy un viejo retrógrado por varias razones, partiendo porque me quejo de los jóvenes. Y es que de verdad soy de otra época, cuando chico había una sola tele en casa que se cambiaba con el clásico alicate, había que esperar como 10 minutos después de prenderla para que se encendiera de verdad y se veían sólo 3 canales decentemente, el resto no eran más que vagos fantasmas. Afortunadamente a veces me daban permiso para conectar el Atari, pero como no tenía la cajita con el interruptor de selección, enchufaba el conector de video a uno de los extremos de la antena que estaba roto, se veía con ruido pero podía jugar. Mis aventuras de vacaciones eran hacer hoyos en la tierra del patio con la ayuda del perro para echarle agua y emular todo un sistema fluvial que mi mamá tapaba apenas podía.

En casa podía pasar horas jugando con agua en el lavadero, escuchando mi cassette de Los Prisioneros (al que mi hermano le cortó la cinta con unas tijeras para molestarme, pero yo lo arreglé con Stic-Fix) o mirando (y leyendo) fascinado un libro que se llama “La Tierra y sus Recursos”, lleno de ilustraciones y datos interesantes de cómo funciona el planeta.

tierra_y_sus_recursos

El colegio era relativamente fome, mucha rutina y pocas cosas que me interesaran mucho. Lo que sí me encantaba cuando tenía que hacer un trabajo de investigación y/o una disertación, eran magnos eventos a los que debía dedicar toda mi capacidad y hacerlo tan profesional como fuera posible. En esa época era un desafío ir a la biblioteca, pedir prestado un libro que no sabías si te servía y buscar en él lo que necesitabas… Qué cosa tan tediosa!!

Había que leer, sacar cosas de varios libros, recortar el Icarito y si valía la pena calcar los dibujos de los libros en papel mantequilla para pegarlos en el informe, por alguna razón las hojas siempre quedaban sucias con ese maldito Stic-Fix!

Pero no me quejo en lo absoluto, no quiero hacer de este post una rutina de Dino Gordillo porque no tiene sentido. No era sufrida esa forma de vida para nada, aprendí mucho leyendo la Enciclopedia Visual que venía los domingos con el diario, con las revistas National Geographic que habían por ahí y hasta buscaba palabras aleatorias en el Pequeño Larousse si estaba muy aburrido jajaja. Lo hacía porque me gustaba, trabajaba duro para mis informes y disertaciones porque quería hacerlo bien (y porque era lo único en lo que de verdad trabajaba ya que no hacía las tareas y la profe siempre me retaba).

Hoy en día la realidad es radicalmente diferente, yo diría que desde la generación que ahora tiene 25 hacia adelante sus vidas han sido profundamente marcadas por las tecnologías de la información de una manera en que pocos en el “mundo adulto” son capaces de dimensionar aún.

Estos jóvenes crecieron en un mundo sin recortes, sin papel mantequilla, sin Icarito ni Enciclopedia Visual. Un mundo en que las tareas se las sabe el Sr. Google y la maravillosa herramienta de copiar y pegar permite hacer trabajos completos en minutos. Un mundo en que no hace falta tantear la parte del cassette donde está nuestra canción favorita ni esperar minutos antes de ver una película porque hay que rebobinar el VHS.

Para la juventud de hoy en día todo es instantáneo, descansan fuertemente en la tecnología para todo, no hace falta tener paciencia, tienen acceso a muchísimo contenido entretenido de manera inmediata. Los trabajos del colegio prácticamente se hacen solos y no necesitan esperar al fin de semana para hablar con sus abuelos o tíos. Están siempre conectados con los amigos y siempre hay algo que jugar en el tablet, algo que ver en la tele y por supuesto mucho que ver en Internet.

Todo esto en principio no tiene nada de malo tampoco, después de todo la tecnología se inventó para facilitarnos la vida ¿no? El problema es que todas estas facilidades impactan fuertemente en la formación de los niños, afectan su educación y las habilidades que desarrollan.

Por ejemplo, me ha tocado leer textos escritos por jóvenes universitarios y he encontrado varios problemas recurrentes en cuanto a redacción. Texto demasiado breve y poco descriptivo, muchas imágenes sin la debida explicación, falta de línea argumental o desarrollo lógico de ideas, mala ortografía, poca comprensión del tema que exponen, poco cuidado con el formato y las formalidades propias de un informe, etc.

¿Cómo relaciono esto con lo anterior? bueno, es la única explicación que encuentro para las enormes diferencias entre textos de este año con otros de hasta 2006 sobre un mismo tema, escritos por personas que en teoría están igualmente preparadas… Excepto que los jóvenes que hoy están haciendo estos informes tuvieron la facilidad de copiar y pegar desde pequeños, tanto texto como imágenes. Desarrollaron la habilidad de recolectar, fragmentar y compilar información, pero no la de redactar su propio contenido, lo cual explicaría su dificultad para elaborar textos descriptivos. Tampoco preparan debidamente las imágenes o gráficos, con frecuencia pegan en los informes capturas de pantalla que son muy difíciles de leer en un documento impreso, sobretodo en blanco y negro.

Si mi razonamiento fuera correcto, entonces podríamos decir que es terrible lo que ha hecho la tecnología ¿no? pues NO! Es muy fácil apuntar con el dedo, pero hacer juicios de valor sobre una tecnología no tiene ningún sentido, nadie diría que los automóviles son malvados porque a veces atropellan personas.

El problema acá es que en los últimos 20 años la humanidad ha cambiado de manera tan vertiginosa que hay una generación que creció sin ninguna guía, que fue criada pensando en un mundo que ya no existe, son los llamados “huérfanos digitales”. Lamentablemente para muchos de estos niños recargados de información y estímulos, sus padres no comprenden adecuadamente que esos aparatos que dejan tranquilo al niño están muy lejos de ser juguetes. La parte buena es que eso está cambiando, pero esta revolución de la información es más rápida que los seres humanos, los cambios culturales inevitablemente toman tiempo.

El acceso ilimitado a la información es maravilloso. Desgraciadamente, tal como pasa con la comida, el contenido más abundante y fácil de obtener es poco nutritivo para el intelecto, es alto en frivolidades y bajo en reflexión. Por lo tanto, tal como con la comida, hace falta supervisión y educación para formar a los niños con una cultura de consumo de información saludable.

Y está el efecto colateral que mencionaba antes, ahora encontrar información es muy fácil y eso ha vuelto más flojos a los jóvenes. Entonces, si es tan fácil “investigar” un tema, lo que nos queda es hacer algo con esa información ¿no? Ya no basta con encontrar el dato, ahora se les puede pedir a niños de cada vez menor edad que le den un sentido a ese dato, algo que no era tan directo cuando a un niño de 7º básico lo tenías calcando en papel mantequilla montones de dibujos de la primera guerra mundial. Todo ese tiempo se puede redirigir ahora, enfocar en dar un paso más.

Adicionalmente, una buena guía para el uso de esta herramienta llamada Internet, puede hacer muchísimo más interesante ese proceso de descubrimiento que yo viví con libros y revistas que terminaba mirando mil veces sin poder indagar más allá de lo que allí se decía.

Y no me vengan con que no se les puede enseñar a los niños a tener criterios, después de todo nos las arreglamos re bien para enseñarles que no hablen con extraños, que miren antes de cruzar la calle y que no se coman nada que encuentren en el suelo.

Como dije antes, los cambios culturales toman tiempo, pero también voluntad y trabajo. Es nuestro turno para poner esa voluntad y trabajo en que las próximas generaciones no sean “huérfanas” de nada y sean capaces de sacar a las nuevas tecnologías un provecho que nosotros, los viejos retrógrados, ni nos imaginamos.