Acerca de una modalidad editorial espuria

1 mayo 2012 at 23:21

El siguiente texto es un análisis profundo a la polémica modalidad editorial propuesta por la Editorial Académica Española (EAE). El documento fue elaborado por el Profesor Luis Carlos Silva Ayçaguer, Doctor en Ciencias Matemáticas (Universidad de Carlos, Praga) , Doctor en Ciencias de la Salud (Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana) y Profesor de la Escuela Nacional de Salud Pública de Cuba.

Sin duda, la rigurosidad y claridad con que el Profesor Silva aborda el tema, disipa muchas de las dudas que surgen al respecto.
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Acerca de una modalidad editorial espuria

Luis Carlos Silva Ayçaguer
Revista Cubana de Información en Ciencias de la Salud (ACIMED)
Vol 23, Nº1, 2012
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Un mensaje recurrente

Estimado Profesor [….]:

Me comunico con Usted representando al grupo editorial internacional de textos científicos, “Editorial Académica Española”. Consultando la base de datos de [….], encontramos una referencia a su trabajo científico [….]. Nuestra editorial está interesada en publicar en forma gratuita su trabajo como libro especializado de alta calidad y distribuirlo, en todo el mundo, a través de las librerías más importantes y reconocidas. Por ello me complacería saber si tiene interés en realizar dicha publicación. Agradeceré que incluya en su respuesta la confirmación de esta dirección de correo electrónico como medio de comunicación o que agregue una alternativa a la cual pueda enviarle información adicional. Esperando su respuesta, me despido de Usted muy cordialmente.

Atentamente, [….]

Departamento de Adquisiciones

Así rezan los mensajes recibidos en el último año por miles de investigadores de diversos países, y de Cuba en particular. En los espacios entre corchetes figuran los datos específicos: nombres del destinatario, de la base de datos consultada, del trabajo al que se alude y de la persona que remite el mensaje.

Según se recoge en diversos blogs y foros de discusión, en países de habla inglesa, miles y miles de personas del mundo académico han recibido un mensaje virtualmente idéntico por parte de VDM Publishing, siglas por las que se conoce la casa editorial alemana fundada en 2002 por Wolfgang Philipp Müller [1]). En realidad, “Editorial Académica Española”  creada en 2011, es una de las 27 subsidiarias de VDM Publishing, con lo cual queda claro que se trata de una misma iniciativa operacionalizada según una repartición de tareas en dependencia del ámbito geográfico-lingüístico que corresponda.

La oferta se dirige preferentemente a autores de tesis doctorales, de maestría o de grado, con la promesa de convertir dichos documentos en libros a la usanza convencional. En su propio sitio Web (www.eae-publishing.com) aclaran que “nos especializamos en la publicación de tesis, disertaciones y proyectos de investigación”. Ocasionalmente, sin embargo, se ofrece la incorporación de un manuscrito ya publicado en alguna revista dentro de un libro donde dicho artículo compartiría espacio con otros trabajos similares. Pero la modalidad específica de la oferta para la elaboración de un libro es en buena medida irrelevante, ya que la estructura conceptual y operativa del proceso es la misma.

¿En qué consiste la propuesta?

Identificada una tesis concreta, se le ofrece al autor convertirla en un libro sin costo alguno para él. Una vez que éste sube el material en formato pdf o Word, en el cual no puede mencionarse la Universidad o Instituto de procedencia del autor, la empresa decide si lo publica o no. Si decide hacerlo, la casa editorial retiene a partir de entonces los derechos de autor,  fija unilateralmente un precio y lo coloca en el circuito comercial (a través de instrumentos virtuales de venta tales como amazon.com o bookbutler.de, o bien por conducto de morebooks.es, la librería online de la cual VDM es propietaria) mediante el procedimiento conocido como “impresión bajo demanda” (Print-To-Order en inglés). Esto significa que los libros estarían en stock permanente y, cuando alguien solicite uno o más ejemplares, proceden a imprimir en papel las correspondientes copias y a enviarlas previo pago del solicitante. Si las ventas superan los 65 dólares dentro de un mismo mes, el autor recibirá el 12% de los ingresos que haya tenido la editorial. En caso contrario, no recibirá dinero líquido alguno.

Es decir, el susodicho libro se produciría realmente si el autor accede y si la empresa atisba que pudiera tener algunos compradores, aunque fuesen muy pocos. Si las ventas superan cierto monto, el autor efectivamente recibirá algún dinero por ello y, en cualquier caso, recibirá gratuitamente un ejemplar de la obra. La adquisición de más ejemplares por parte del autor supondría para éste el desembolso de una cantidad que oscila entre el 90% y el 60% del precio fijado para el libro, en dependencia del número de ejemplares que decida comprar. En ese sentido es una oferta en principio atractiva. Además, el consenso entre quienes debaten el tema en Internet es claro: no se trata exactamente de un timo ni de una maniobra ilegal.

Es, sin embargo, una estafa ética y científica.

Las interioridades de un modelo empresarial espurio

Arguyendo sibilinas consideraciones, se establecen algunas reglas altamente ventajosas para la editorial, la cual camufla su verdadero significado y anuncia presuntas ventajas para el autor que ocultan en realidad un inescrupuloso afán de aprovechar  su posible candidez. Veamos.

  1. Identifican a la presa mediante simples búsquedas en repositorios institucionales. Sin evaluar las posible virtudes del texto, se ofrecen para convertir en “libros especializados de alta calidad, todas las monografías, escritos científicos, tesinas, tesis de maestría, doctorales y posdoctorales, e incluso disertaciones y notas de conferencia, con una imagen de portada individual, como así también con sus correspondientes ISBN y código de barras” [2].  El mecanismo establecido no corrobora en absoluto la “alta calidad” que proclaman. Parten de que al autor le cautivará la idea de que así estén conceptuando su trabajo. Afirman textualmente que “identificamos aquellos [trabajos] que, debido a su calidad, actualidad y relevancia práctica, son adecuados para su publicación”. Esto es simplemente falso. Numerosos testimonios revelan que en el momento de proponer la publicación a un profesional, ellos no tienen información alguna fuera del título del trabajo, el nombre del autor y la institución en la que labora o laboraba cuando lo realizó.
  2. La empresa no hace ningún trabajo científico: ni revisión crítica, ni examen técnico, ni trabajo alguno de edición. Simplemente, si aparecen compradores, reproduce el material sin costo alguno para ella, agregando solamente una portada y una contraportada donde figura un resumen del libro y una nota curricular del autor.  Textualmente comunican que no modifican las obras debido a que “los manuscritos que aceptamos son de un alto nivel”. Tampoco realizan ningún tipo de corrección de textos, pues hacerlo, dicen, “no sería financiable.”
  3. Podría pensarse que, aunque sea, pondrían un diseñador para la portada y la contraportada (que es lo único que añaden). Craso error creerlo. Disfrazando la tarea como algo que puede realizarse con grados de libertad que otros no ofrecen, en realidad se las arreglan para que esta importante tarea especializada la realice el propio autor a través de un programa informático (a eso le llaman “participación” del autor en el diseño de la portada). Juzgue el lector lo que textualmente comunican: “Mientras que la mayoría de las editoriales impiden a los autores colaborar en el diseño de la tapa, EAE le permite al autor participar en esta importante decisión. Así, pueden crear su propia tapa siguiendo unos simples pasos en EAE Online y considerando unas sencillas especificaciones de diseño….que después nosotros revisaremos y aprobaremos”. En otro punto son aun más claros: “lo que hace EAE en el proceso de diseño de la tapa, es verificar que su título no entre en conflicto con ningún otro trabajo publicado y asegurarse de que la imagen de la portada (que ha de elegirse de la base de datos de imágenes de la empresa) se relacionen con el contenido del libro”. Una visita al catálogo de EAE (https://www.eae-publishing.com/catalog/) permite comprobar de inmediato que el diseño de la portada de sus libros sigue siempre el mismo esquema, plano y anodino, en el que solo cambia la imagen seleccionada por el autor.
  4. En cuanto al texto de la contraportada, tampoco está a cargo de lo que ellos llaman “el editor asignado” por la empresa para la producción del libro. “La contraportada incluye una descripción del contenido escrita por usted mismo” informan, a la vez que en otro punto prohíben que el susodicho “editor asignado” pueda ser mencionado en el material. Según testimonios recogidos en diferentes foros de Internet, los funcionarios del presunto “Departamento de Adquisiciones” que firman las cartas y figuran como editores asignados serían cientos, pues cada persona que ha recibido tales solicitudes da cuenta de que su carta está firmada con un nombre diferente.  De tales editores no se sabe nada y, en cualquier caso, nunca figuran en Google ni en ninguna parte como profesionales formados para esas funciones, lo cual ha hecho pensar sensatamente a no pocos destinatarios de las cartas que los firmantes prestan su nombre para dar una imagen empresarial falsa, y hasta que no son personas reales.
  5. Como si ello fuera muy atractivo, informan que “a cada libro publicado se le asigna un código único de ISBN, lo cual le permite estar disponible en todo el mundo”. Muchos colegas ignoran que el valor añadido que supone la obtención por parte de la empresa de un ISBN (International Standard Book Number) para un material, asciende a cero. La asignación de tal código la consigue cualquier editor (o individuo que se declare como tal) mediante un simple trámite burocrático libre de costo ante la agencia correspondiente de su país, el cual demora entre 2 y 10 días y que en muchos países se realiza ya por Internet.

¿Por qué estaríamos ante una estafa ética y científica?

Como puede verse, la susodicha editorial no realiza ningún trabajo editorial. Ni siquiera se confeccionan pruebas de galera o proofreadings. Todo lo hace el autor: escribir el texto, garantizar su calidad y producir la edición. Tampoco corre ningún riesgo. Si no se vendiera ningún ejemplar, no pierde absolutamente nada, ni siquiera tiempo, salvo el único ejemplar que envían al desolado autor (que no es más que la impresión de lo que éste les ha enviado a la que se ha adosado una carátula diseñada por el propio autor). Si se vendiera en una pequeña medida, la empresa se queda con todas las ganancias, y si resultara exitoso y se vendiera en cantidades apreciables, ésta devengaría casi todos los réditos con la ventaja de que se ha apropiado de los derechos de autor.

En cualquier caso, quitando las confusiones que deliberadamente tratan de inducir, la gestión de EAE y su casa matriz VDM no parece una fechoría en el sentido clásico, ya que el autor decide soberanamente si le interesa la propuesta, a la vez que ellos no incumplen lo que prometen. ¿Por qué entonces es un modelo empresarial espurio y una estafa científica? A mi juicio, lo es por varias razones.

En primer lugar,  porque se trata de un sistema que compromete la integridad de la ciencia. La Editorial Académica Española, ni es en rigor una editorial (en el sentido de que no realiza lo que tal denominación sugiere), ni es en definitiva española, ni mucho menos es académica, ya que no puede calificarse así a un equipo de mercaderes que no siente el menor respeto por la ciencia ni por la Academia, a la cual visualizan como una mera oportunidad para mercar. Ese equipo se comporta de manera opaca (por ejemplo, al exigir que no se mencione en el texto el nombre del editor, como si de una logia masónica se tratara) y prescinde del peer review, única garantía (aunque sea parcial) de legitimidad científica.

En segundo lugar, porque pretende convertir en libro a un documento que no es tal. Típicamente, una tesis de licenciatura (incluso una doctoral) carece de la estructura, del estilo y de la lógica conceptual de un libro. Ni tiene esa función social. Tampoco ha estado sometida, como es lógico, a las exigencias de un libro científico (muchas veces, ni remotamente).  Siendo así, el esquema de VDM también degrada la condición de “libro científico”.

En tercer lugar, porque aspira –y probablemente consiga- vender a precios exagerados algunos ejemplares a clientes encandilados por el aparatoso nombre de la editorial y por la no menos rimbombante declaración de que producen libros especializados “de alta calidad”, como se anuncia en el propio mensaje con que se inicia la presente reflexión . Una muestra aleatoria de 56 libros tomados del catálogo de EAE arrojó que el precio promedio de uno de estos libros es de 70 dólares y el recorrido de los precios va de 37 (el más barato) a 127 dólares (el más caro), cifras bastante mayores que las correspondientes a las de verdaderas editoriales científicas, tales como Díaz de Santos o Doyma en España.

En cuarto lugar, porque especula con que para la carrera de profesionales noveles resultará altamente ventajoso tener “publicado un libro”. Esto es falso, ya que haber publicado un libro de esta forma generará más suspicacias que prestigio. Varios académicos expresan en los foros de discusión consultados que un material con ese origen produciría una merma en la estima que merece su autor [3]. Es algo parecido a lo que ocurre con los “portales basura” (tales como www.monografias.com  o www.ilustrados.com ): aunque tales sitios pueden ocasionalmente contener  materiales de algún interés, la aparición de un artículo con esa procedencia en un curriculum vitae despierta reticencia,  e incluso burla, en quienes lo valoran, aunque solo sea porque tal trabajo comparte espacio con verdaderas aberraciones intelectuales allí colocadas sin ningún tipo de filtro.

Y en quinto lugar, porque VDM Publishing tiene una sombría historia de parasitismo intelectual con fines de lucro. El periódico suizo Berner Zeitung ha descrito las prácticas de esta empresa como algo que genera decepción, ya que oculta que los libros que vende son disertaciones de grado que suelen ser trabajos mediocres, que a duras penas han sido aprobados en los tribunales de tesis correspondientes, por los cuales, además, cobra precios abusivos. Wikipedia (nacida y desarrollada en el espíritu del acceso libre a la información) ha denunciado a VDM Publishing (véase http://en.wikipedia.org/wiki/VDM_Publishing) por publicar en forma de libros y vender sin suficiente aclaración sobre la naturaleza pública y gratuita de sus contenidos, decenas de refritos conformados con materiales literalmente extraídos de dicha enciclopedia. La empresa se ha defendido con el bochornoso argumento de que los materiales de Wikipedia son de muy alta calidad y que ejerce el derecho que le confiere la naturaleza libremente utilizable de sus materiales.

VDM Verlag y EAE suscitan el rechazo de diversas instituciones de alto nivel como, por poner dos ejemplos, la Universidad Simón Bolívar de Venezuela (véase http://usbnoticias.info/post/14362), que ha advertido oficialmente a sus alumnos y profesores que no avala las obras de dicha editorial por carecer del debido rigor académico, o la Colección de Textos para la Investigación de Alto Nivel  (Higher Education Research Data Collection-HERDC) de Australia, que tiene vedada la incorporación de títulos de ese origen por la misma razón.

Comentario final

Aunque en nuestro país, en especial es el caso de INFOMED desde su misma fundación,  se apuesta por desarrollar y explotar el movimiento de acceso abierto a la información, reconocemos la legítima existencia de diversas formas de  comercialización de contenidos científicos. Sin embargo, no todas sus modalidades son igualmente válidas, ni desde el punto de vista ético ni desde la perspectiva científica. Los profesionales deben sopesar con conocimiento de causa sus decisiones en esta materia. El propósito de la presente reflexión, abierta a debate, es precisamente contribuir a la comprensión de los peligros a que nos enfrentamos si nos conducimos de manera ingenua o irreflexiva ante propuestas como las que nos ha ocupado en este caso, que no es la primera ni será la última.


[1] Las iniciales VDM corresponden a Verlang Dr. Müller, aludiendo a su fundador y a la Empresa Verlag.

[2] Tanto este texto entrecomillado como algunos otros que figuran más adelante han sido tomados de la publicidad que envía EAE a los académicos.

[3] Por ejemplo, uno de ellos dice textualmente “I can’t say I have much respect for people who feel their research gains legitimacy because they put a hard cover on it and charge US$100”

Grado académico y competencias

15 agosto 2011 at 19:10

La lógica dice que la obtención de un grado académico está relacionada con la finalización de un proceso de aprendizaje de gran complejidad y sobretodo rigurosidad. Quien tenga un grado académico y/o un título universitario, debiera ser una persona que cumple con ciertos requisitos y es visto por la sociedad como alguien inteligente, cuya opinión es importante y siempre válida.

Este fenómeno es muy parecido al del delantal de los médicos, la gente le da otro valor a las personas con delantal blanco, se presupone que son personas de inteligencia superior y se les respeta. Tanto es así que en Japón se está volviendo el último grito de la moda el uso de estas prendas.

Lamentablemente estos no son más que prejuicios, tal vez no el típico prejuicio que va en desmedro de quien es prejuzgado, pero no es menos grave ya que nos vuelve vulnerables. ¿Cuántos son los casos de personas que se ganan la vida gracias a la compra de un delantal blanco, ejerciendo la profesión de médico sin tener título alguno? La cuestión es que tendemos a aceptar sin cuestionamiento alguno lo que las “personas inteligentes” dicen.

Volviendo al tema de los grados académicos, en la publicación sobre la curiosa proposición de la Editorial Académica Española, hasta el momento hay más de 50 comentarios, la gente se mostró muy interesada en resolver el enigma de la misteriosa editorial que, por nada publica tu tesis y te regala una copia impresa. Los comentarios en general han sido razonables, hay gente que piensa que es un completo fraude, hay gente que los defiende, incluso comentó alguien de la misma editorial para aclarar sus servicios. Sin embargo, hay algunos comentarios que me han decepcionado, comentarios de gente que en pocas palabras y con muy mala ortografía muestran que ni siquiera han leído el artículo principal, que han pasado por alto importantes puntos o que sencillamente están fuera del recipiente.

El tema es que las únicas personas interesadas en leer y sobretodo comentar un tema como éste, son aquellos que hayan realizado algún trabajo académico y que, por lo tanto, han sido contactados por esta editorial para publicar su trabajo. Uno podría suponer que las personas que cumplen requisitos para que se les contacte para publicar un trabajo académico suyo son rigurosas, meticulosas y con claridad mental, pero no, aún hay mensajes del tipo “ay qué hago, díganme qué hacer” o “me llegó un correo de ustedes y me gustaría saber…”

Esta decepción me deja la lección de que hay que ser críticos siempre, un título, un grado académico o un delantal no significan necesariamente que podemos confiar plenamente en lo que se nos diga, para eso tenemos nuestro propio criterio.

¿Es regresivo apoyar a las universidades tradicionales?

8 julio 2011 at 0:23

Nuevamente un excelente artículo del Profesor José Miguel Piquer, publicado en el blog Bits, Ciencia y Sociedad.

Uno de los argumentos que más duele en esta discusión sobre la educación superior en Chile es que el apoyar con más fondos a las universidades del Consejo de Rectores (y en particular a la Universidad de Chile) es “regresivo”, ya que estas universidades captan a los alumnos de las familias con más recursos del país. A cambio, son las privadas nuevas (y los Centros de Formación Técnica y Profesionales) los que reciben a los estudiantes más pobres y los que reciben menos ayuda estatal. Pareciera que la conclusión obvia sería dejar a las tradicionales como están hoy y dedicarse a generar más becas y fondos para las nuevas universidades privadas.

Lo que duele es que el argumento tiene algo de fundamento: las mejores universidades del país reciben sólo alumnos con los mejores puntajes en la PSU, y la PSU tiene un fuerte sesgo socioeconómico. Claro que la conclusión simple del argumento nos lleva rápidamente a un absurdo: habría que dar becas a los peores puntajes de la PSU para que entraran a las peores universidades del país, para ser justos. Y supongo que nadie considera razonable esa “solución”.

La lógica del autofinanciamiento que se aplicó a todo el sistema por igual, afectó fuertemente la misión de las universidades estatales: aquellas que han conservado la calidad, no tienen la opción de seleccionar en forma significativa alumnos por otra vía que la PSU, porque sale caro. Las que han perdido la calidad, han debido jugar el juego de las privadas nuevas: atraer alumnos con malos puntajes, aun sabiendo que no tienen ninguna chance de llegar a ser profesionales de buen nivel. Al final, en todo el sistema existe una sola división importante: las universidades buenas y las universidades malas.

Ahora que el anuncio presidencial nos permita tener esperanzas en que finalmente se inyectarán más recursos en el sistema de educación superior, creo que lo único realmente importante es garantizar que esos recursos no vayan a financiar las estafas que hoy existen en muchas universidades: vender la ilusión de un título de una profesión que el muchacho o muchacha jamás llegará a ejercer. Un sistema de control de calidad obligatorio y exigente resulta indispensable donde el mercado no es transparente y donde la asimetría de información es gigantesca. La prometida superintendencia de educación debiera fiscalizar fuertemente la calidad. Ninguna beca ni subsidio (salvo tal vez un aporte por una vez para mejorar la calidad) debiera ir a parar a una universidad que no logre una calidad mínima. Esas becas “al portador”, en que el alumno elige libremente donde gastarlas, resultan un crimen en este sistema: nos llenaremos de casos como las Becas Valech, donde se crea una oferta fraudulenta para seducir a estos becarios faltos de información. Sólo funcionarían si se define que son válidas en un conjunto de universidades restringidas y bien reguladas.

El sistema de educación superior existente en Chile fracasó. Creo que ese es el único mensaje claro que dieron los cientos de miles de manifestantes en la calle. Corregirlo es difícil y de largo aliento, pero creo que la principal lección que debemos retener es que, en este caso particular, las fuerzas del mercado no operan para mejorar la calidad y bajar los precios. Incluso la masificación del sistema -el único logro claro del sistema- es dudosa: ¿Realmente masificamos la educación superior? ¿No será que estamos vendiendo falsas ilusiones a mucha gente?

Creo que hay que partir trabajando con las buenas universidades existentes: más becas, más apoyos, más igualdad en el acceso. Al resto, hay que ir apoyándolas para que mejoren. Y algunas, simplemente hay que cerrarlas.

¿Para qué sirven las Universidades Estatales?

22 mayo 2011 at 0:21

Artículo original del Profesor José Miguel Piquer (DCC, Universidad de Chile) en el blog Bits, Ciencia y Sociedad en Terra.

Por José M. Piquer, profesor del Departamento de Cs. de la Computación, FCFM. U. de Chile.

En el mundo, se ha desarrollado una fuerte tendencia hacia la privatización de las universidades. En gran medida, esto ha permitido masificar la educación superior, sin requerir más inversión pública en el sistema. También existen otras razones: las universidades tradicionales se veían como muy conservadoras, elitistas y aisladas de la sociedad, la que cada vez requiere más aporte de conocimiento a su economía y desarrollo.

Por ello, también las universidades estatales se han ido privatizando: han ido cobrando matrículas cada vez más altas, deben competir por fondos abiertos para financiar la investigación y deben buscar inversión privada en proyectos rentables. Chile es uno de los ejemplos más agresivos en el mundo en esta vía hacia la privatización y, junto a Corea del Sur, son los únicos casos en que la enorme mayoría de los costos de la educación superior recae en las familias, con muy poco apoyo de subsidios estatales.

En estos días el país discute una reforma a la educación superior que busca continuar por esta misma vía: hacer que las universidades tradicionales y las privadas nuevas sean iguales (o al menos más iguales que antes), y tengan acceso a los mismos subsidios. Ese escenario va borrando las diferencias entre universidades antiguas y nuevas, y entre estatales y privadas. Por ello es relevante la pregunta: ¿Para qué queremos universidades estatales?

La diferencia básica entre universidad estatal y privada es, obviamente, su dueño. El pertenecer al Estado generalmente conlleva muchos problemas bien conocidos: falta de flexibilidad, falta de movilidad, lentitud y burocracia. El ser privado, conlleva muchas ventajas en todos esos aspectos. Por ello, me ha costado largo tiempo entender para qué sirven las universidades estatales, a pesar de llevar trabajando casi 25 años en una.

La razón para querer tener universidades estatales, a pesar de todos estos problemas, es porque los países necesitan de ellas para garantizar una voz académica, total y completamente independiente, que difunda el conocimiento que en ellas se cultiva. Aunque a veces lo olvidan, los gobiernos y las empresas necesitan un lugar donde poder acudir con preguntas difíciles y tener garantías de que la respuesta será técnica y veraz, independientemente de ser políticamente correcta o no, y libre de todo conflicto de interés. Sólo una universidad estatal y autónoma puede satisfacer ese requerimiento, y aún así es difícil lograrlo en un 100%, porque siempre hay lugar para conflictos de interés donde hay seres humanos.

La única diferencia de fondo entre una universidad estatal y una privada, y lo que garantiza esa independencia y libertad académica, es que la primera tiene un financiamiento estatal de base garantizado y total autonomía en su ejecución presupuestaria. Eso le obliga a cumplir una misión pública: ayudar al país a desarrollarse, rindiendo a la comunidad el fruto de sus acciones, tanto en docencia como en investigación y extensión. Ese fondo no puede ser concursable -o estará sujeto a las prioridades del gobierno de turno- ni privado, porque estará sujeto a los intereses de quienes lo financian. Por supuesto, en estos tiempos modernos, se requiere dar cuenta de esos fondos: qué está haciendo la universidad que justifique ese financiamiento público.

Por esto es que el concepto de universidad estatal autofinanciada es un absurdo, una contradicción en sí. Y por eso es que en Chile el sistema estatal de universidades está prácticamente destruido, salvo muy honrosas (pero escasas) excepciones.

Una universidad privada, o una pública autofinanciada, puede cumplir una misión pública por algún tiempo, pero no está “obligada” a ello. Un cambio de opinión en sus dueños, o un conflicto de interés, puede cambiar esto drásticamente. La única forma de garantizar la independencia y la entrega a la comunidad es contar con un financiamiento estatal basal fuerte.

¿Qué porcentaje del financiamiento total debiera ser ese aporte? Hoy en día parece ser razonable dejar espacio para fondos concursables, aportes privados a proyectos específicos y aranceles para quienes pueden pagarlos. Eso le inyecta dinamismo y preocupación por servir a la sociedad en forma directa. Por lo tanto, no debe ser un 100%. Los franceses dicen un 80%. Nosotros creemos que es como un 50%. Un ejemplo que muestra el problema de pasar por debajo del 50% es el caso de una universidad estatal que se financia en un 70% de los aranceles de pregrado que cobra. ¿Cómo puede tomar los temas de equidad? ¿Cómo puede aplicar criterios de meritocracia o mantener aranceles bajos? ¿Cómo decide abrir una carrera importante para el país pero con pocos alumnos inicialmente?

Por ello, resulta obviamente absurdo tener una universidad estatal con un aporte basal que corresponde al 15% de su presupuesto, como ocurre en la Universidad de Chile. Obtenemos todos los problemas de ser estatales, junto con todos los problemas de ser privados, sin tener las ventajas de ninguno.

Por citar un caso que viví personalmente, el desarrollo temprano de Internet en las universidades chilenas fue liderado por las universidades estatales. Le dedicamos enormes cantidades de tiempo, esfuerzo y recursos de nuestras instituciones a un proyecto en el que nadie creía: ni el gobierno, ni el sector privado, ni nuestras propias autoridades universitarias. Nosotros sentíamos que ese proyecto era importante para el país, y por ello era lógico que le dedicáramos nuestro esfuerzo, era parte de la misión de nuestras instituciones, incluso cuando nuestros rectores no lo entendían así. Es lo que se espera de las universidades estatales. Y dudo que hoy seamos capaces de hacer algo equivalente.

Creo firmemente que el país requiere asignar un financiamiento estable y fuerte a sus universidades estatales, manteniendo una sólida autonomía presupuestaria. Si esto no es posible, es mejor terminar el proceso de privatización entregándoles la propiedad de la universidad a sus académicos, liberándolas de la administración pública y dejándolas compertir como cualquier universidad privada. Jugar a ser estatales, bajo reglas del juego privadas, no nos lleva a ninguna parte, genera tensiones en todas las estructuras y nos obliga a vivir en el peor de los dos mundos.

La inconsistencia del absoluto

15 mayo 2011 at 12:25

Aceptémoslo, los humanos somos seres demasiado simples. Podemos pensar que hemos logrado grandes cosas, pero es sólo desde nuestra limitada perspectiva, puesto que es esa misma limitada capacidad la que nos impide vivir en el mundo que nos gustaría, lamentablemente.

No, no me he fumado nada ni he tomado nada, de hecho no fumo ni me he emborrachado nunca, así que no comience a sospechar. Este artículo responde a un razonamiento fuera del recipiente (o dentro, si le parece) que he venido desarrollando durante algún tiempo.

El ser humano tiene una capacidad de percepción del mundo extremadamente limitada por sus sentidos, y su capacidad de análisis se restringe a un limitado número de casos. Es por eso que generamos modelos que nos rigen, como un manual de usuario para vivir, los cuales llevarán toda la complejidad del mundo y de la vida a una serie de normas absolutas que deben cumplirse. Entre esas normas está la religión, la política e incluso la ciencia, como lo intento aclarar en otro artículo.

Dentro de la simpleza de nuestra mente necesitamos hacer entrar complejas situaciones, como un bebé que intenta meter una figurita de estrella en la caja con una abertura circular, pero con la diferencia que nosotros le cortamos las puntas a esa estrella porque desde lejos “parece una esfera” y así construimos nuestros modelos, despreciando aspectos que nos parecen irrelevantes de la verdad. De esta manera, todo hecho, toda situación, tendrá un conjunto de variables que pueden ser más o menos relevantes según las creencias de la persona que analiza.

¿Y qué pasa con eso? bueno, resulta que tendremos sectores que les gusten los cuadrados y sectores que les gusten los cículos (o los triángulos) y cuando toque insertar una estrella de N puntas, cada grupo “cortará” las puntas que necesiten para hacerla encajar en la forma que les gusta. Entonces, sucede que a los humanos nos gusta también pertenecer a un grupo, una pandilla, una secta, partido político, religión, tribu, país, escuela, universidad, equipo deportivo, ciudad, raza, etc. En definitiva, a cualquier agrupación de personas con algún aspecto en común, nos sentimos solos en nuestra individualidad y por eso buscamos el apoyo de un grupo de personas. El problema es que para solventar esa inseguridad de sentirse “solos contra el mundo” tenemos que aceptar que a la agrupación que pertenecemos le gustan los triángulos o los círculos, con todo lo que ello implica y no importa si de repente vemos que una estrella tiene varias de sus puntas que nos gustaría conservar, como a “nosotros” nos gustan los triángulos hay que cortarlas todas, y así hacemos lo posible por vivir una vida simple, amparados en el absoluto y el hecho de que nuestro grupo nos apoya en eso.

Es bastante fácil ampararse en eso, en una política de grupo, porque así no hay que pensar, ya todo está resuelto y como buenos animales, siempre buscaremos el mínimo esfuerzo. El problema es que dentro de esa agrupación, siempre surgirá alguien que intente pensar un poquito más, será el que transmita las cosas a los demás y lo hará inevitablemente desde su perspectiva personal, cortando las puntas que quiera a la estrella y mostrando las que quiere mostrar a los demás. Como los demás miembros no quieren pensar, no cuestionarán la opinión del que “sabe más”, entonces todos lucharán como equipo y desde la pasión (no la razón) por una causa en particular, convirtiendo a la gente, a la masa en meros títeres voluntarios de un pequeño subsector.

Y así, espontáneamente vamos distorsionando la realidad, nos ponemos a pelear entre nosotros y los inteligentes que ven los círculos no pueden comprender cómo los otros estúpidos ven cuadrados y viceversa, aún cuando estén observando exactamente la misma situación. Así es como llevamos este sentido de pertenencia al extremo, al absoluto y comenzamos a pensar en términos de buenos y malos donde, por supuesto, yo estoy en el lado bueno y los otros son los malos. Todo por seguir ideas absolutas sin siquiera pensar que en sí mismas esas ideas son inconsistentes.

¿Por qué digo inconsistentes? bueno, pondré algunos ejemplos. Imagínese que un día le toca ver las faenas en un matadero de cerdos y siente un profundo impacto por la crueldad con que esos animales son matados, crueldad que le parece innecesaria porque podría no comer cerdo, aún así podría vivir sin problemas y sin hacer sufrir a los cerditos. Entonces se vuelve vegetariano, no vamos a hacer sufrir a los animales, querrá preservar entonces toda forma de vida, y si se entusiasma mucho, tampoco comerá huevos, leche o cualquier producto de origen animal. Digamos que le gusta eso, se siente en comunión con la madre naturaleza y sigue entusiasmándose con no tocar la vida, ya no mata a una araña que aparezca en su habitación sino que la deja ir en paz, se compra algunas matitas y las cuida con amor en su casa, sólo para darse cuenta de que también son formas de vida que en efecto reaccionan según el cuidado que se les de, pueden inundar su hogar con la maravillosa belleza de las flores y su aroma, de ninguna forma se las comería. Ahora la cuestión se pone más absoluta “vamos a cuidar la vida” y las plantas son tan vida como los animales, la única diferencia es que las plantas no se mueven ni lanzarán un grito de dolor si las mutila o se las come. Entonces sería mejor no comerse a las plantas y se acaba de quedar sin alimento para sobrevivir. Muchos asocian este tipo de conductas a creencias religiosas y generan umbrales diciendo que sólo comerán aquellos alimentos que han crecido gracias a la energía directa del sol y no se han contaminado con otras formas de vida, pero aún así comen hongos que no hacen fotosíntesis. Más aún, desconocen totalmente el hecho de que el sistema digestivo del ser humano es apto para consumir carne por una buena razón, luego, es antinatural abstenerse de consumir cualquier tipo de carne… ¿Y no se supone que estas ideologías defendían la sabia acción de la madre naturaleza?. Conclusión: Inconsistencia… ¿Entonces debemos ser felices con tremendos asados todos los días? NO, otro absoluto… Quizás si siguiéramos una dieta balanceada y adecuada, sin comer de más, sólo se matarían los animales necesarios para sobrevivir, pero como ese “punto de equilibrio” es más ambiguo, nadie lo defenderá porque todos pedirán algo absoluto, como una dieta estricta para todos o algo así, que tampoco funcionaría.

Y hablando de alimentación, imagínese que usted es un científico, que cree en su ciencia al extremo. Dios no existe, el universo está regido por leyes físicas determinadas, no hay espacio para Dios en la ecuación (como sostiene un conocido físico que habita una sofisticada silla de ruedas). Bueno, entonces seamos prácticos, usemos la lógica para todo, la ciencia es una manera supuestamente autoconsistente de describir el mundo. Un día comienza a cuestionarse el por qué de su existencia, comienza a ver las cosas en perspectiva y se da cuenta de que su vida la dedica trabajar y para usted no queda mucho salvo la satisfacción de haberse entretenido haciéndolo, que se desvanece cuando deja de hacerlo, busca un sentido de trasendencia y sólo llega a la conclusión que lo máximo que puede hacer es buscar a un individuo del sexo opuesto para hacer funcionar los mecanismos biológicos que generarán otro individuo y así preservar la especie. ¿Pero para qué preservar la especie? bueno, sólo para que esos nuevos individuos tengan una vida tan miserable como la suya y mientras más le da vueltas a la idea comienza a volverse un nihilista. Su amargura crece y para solventarla va a comer algo, no sabe qué pedir y en eso se da cuenta de que es científico, deberíamos regirnos por eso, es más fácil seguir los modelos y bajo esa perspectiva el restorán no tiene sentido ¿Para qué gastar energía y recursos en hacer alimentos extraños si todos podríamos comer lo mismo, algo estándar como la comida para perros, con el exacto contenido de grasas, vitaminas, proteínas y minerales necesarios para el cuerpo? Entonces todos seríamos más saludables, pero ¿estaría dispuesto a comer bolitas insípidas todos los días por el resto de su vida?. Conclusión: Inconsistencia y una depresión aguda.

Y así hay muchos ejemplos más, como el del capitalismo que llevado al extremo, es exactamente lo mismo que “la ley de la selva”, el más fuerte se “come” al más débil, con la diferencia que la desproporción de fuerzas puede ser abismante, con una miseria en la población tremenda… Se supone que eso no es humano, hay que evitarlo, hay que “evitar que la burguesía se aproveche del proletariado” dice un señor por ahí… Bueno, seamos comunistas absolutos, no hay propiedad privada, la gente tiene una asignación de lo que puede consumir al mes, el pueblo trabaja para el pueblo y casi nadie tiene más que los demás, todos tienen cubiertas las necesidades básicas… Y si tengo lo indispensable para vivir ¿para qué trabajo?, no me voy a esforzar si no obtengo recompensa y trabajar o no hacer nada no es diferente, total, no voy a estar mejor que ahora ni peor, no me moriré pero tampoco surgiré. Entonces todos piensan igual, nadie trabaja y el sistema se desbarata solo. Más inconsistencias.

Por eso es que hay que tener mucho cuidado con los absolutos, ninguno es consistente y es nuestra responsabilidad buscar mirar las cosas desde una perspectiva más amplia, sopesar y observar todas las puntas de la estrella antes de decidir cortar alguna. No podemos dejarnos llevar por supuestos sabios que apelan a nuestra pasión para apoyarles, porque podemos caer fácilmente en ser títeres de otros, defendiendo cosas sin sentido, así como muchos han defendido y defienden dictaduras en todo el mundo, sólo porque alguien cortó las puntas necesarias para que creyeran que eso es lo mejor, aún cuando no tengan libertades.

Y si ha llegado a este punto en la lectura, mis felicitaciones, la verdad tiene mucha paciencia. Comprendo que he estado reflexionando, por caminos sinuosos y básicamente: Razonando fuera del recipiente.