¿Es regresivo apoyar a las universidades tradicionales?

8 julio 2011 at 0:23

Nuevamente un excelente artículo del Profesor José Miguel Piquer, publicado en el blog Bits, Ciencia y Sociedad.

Uno de los argumentos que más duele en esta discusión sobre la educación superior en Chile es que el apoyar con más fondos a las universidades del Consejo de Rectores (y en particular a la Universidad de Chile) es “regresivo”, ya que estas universidades captan a los alumnos de las familias con más recursos del país. A cambio, son las privadas nuevas (y los Centros de Formación Técnica y Profesionales) los que reciben a los estudiantes más pobres y los que reciben menos ayuda estatal. Pareciera que la conclusión obvia sería dejar a las tradicionales como están hoy y dedicarse a generar más becas y fondos para las nuevas universidades privadas.

Lo que duele es que el argumento tiene algo de fundamento: las mejores universidades del país reciben sólo alumnos con los mejores puntajes en la PSU, y la PSU tiene un fuerte sesgo socioeconómico. Claro que la conclusión simple del argumento nos lleva rápidamente a un absurdo: habría que dar becas a los peores puntajes de la PSU para que entraran a las peores universidades del país, para ser justos. Y supongo que nadie considera razonable esa “solución”.

La lógica del autofinanciamiento que se aplicó a todo el sistema por igual, afectó fuertemente la misión de las universidades estatales: aquellas que han conservado la calidad, no tienen la opción de seleccionar en forma significativa alumnos por otra vía que la PSU, porque sale caro. Las que han perdido la calidad, han debido jugar el juego de las privadas nuevas: atraer alumnos con malos puntajes, aun sabiendo que no tienen ninguna chance de llegar a ser profesionales de buen nivel. Al final, en todo el sistema existe una sola división importante: las universidades buenas y las universidades malas.

Ahora que el anuncio presidencial nos permita tener esperanzas en que finalmente se inyectarán más recursos en el sistema de educación superior, creo que lo único realmente importante es garantizar que esos recursos no vayan a financiar las estafas que hoy existen en muchas universidades: vender la ilusión de un título de una profesión que el muchacho o muchacha jamás llegará a ejercer. Un sistema de control de calidad obligatorio y exigente resulta indispensable donde el mercado no es transparente y donde la asimetría de información es gigantesca. La prometida superintendencia de educación debiera fiscalizar fuertemente la calidad. Ninguna beca ni subsidio (salvo tal vez un aporte por una vez para mejorar la calidad) debiera ir a parar a una universidad que no logre una calidad mínima. Esas becas “al portador”, en que el alumno elige libremente donde gastarlas, resultan un crimen en este sistema: nos llenaremos de casos como las Becas Valech, donde se crea una oferta fraudulenta para seducir a estos becarios faltos de información. Sólo funcionarían si se define que son válidas en un conjunto de universidades restringidas y bien reguladas.

El sistema de educación superior existente en Chile fracasó. Creo que ese es el único mensaje claro que dieron los cientos de miles de manifestantes en la calle. Corregirlo es difícil y de largo aliento, pero creo que la principal lección que debemos retener es que, en este caso particular, las fuerzas del mercado no operan para mejorar la calidad y bajar los precios. Incluso la masificación del sistema -el único logro claro del sistema- es dudosa: ¿Realmente masificamos la educación superior? ¿No será que estamos vendiendo falsas ilusiones a mucha gente?

Creo que hay que partir trabajando con las buenas universidades existentes: más becas, más apoyos, más igualdad en el acceso. Al resto, hay que ir apoyándolas para que mejoren. Y algunas, simplemente hay que cerrarlas.

Educación superior en crisis: ¿Cuál es el problema?

23 junio 2011 at 11:37

Por estos días se habla mucho de la educación superior en Chile, de las universidades estatales y privadas, del lucro y otras cosas más. Pero los medios tienden a ser dispersos en la información y el movimiento conjunto de estudiantes secundarios y universitarios puede confundir a más de alguien.

Respecto a la educación superior y al lucro de las universidades privadas, quiero compartir dos videos que en 16 minutos deberían dar una visión relativamente clara del tema, sin entrar en consignas políticas que sólo buscan aprovecharse de estos movimientos y terminan desvirtuándolos.

El primero es un fragmento del discurso del Rector de la Universidad de Chile, Víctor Pérez en la ceremonia de inauguración del año académico 2011. El segundo es una nota bastante ilustrativa del noticiero de Chilevisión respecto al mismo tema.

La marcha de los estudiantes

23 junio 2011 at 11:22

Como es bien sabido, durante estos últimas semanas se han producido marchas de estudiantes, cuya motivación es la mejora de la calidad de la educación y un mayor aporte estatal para terminar con el enorme endeudamiento que deben aceptar los estudiantes para acceder a la educación superior, incluso en las universidades estatales.

Como es inevitable en cualquier manifestación, no faltan los delincuentes de siempre que aprovechan estas situaciones para hacer destrozos, delinquir y enfrentarse con la policía, los cuales invariablemente aparecen en los noticieros como el hecho más destacado. Lamentablemente, esto opaca mediáticamente el verdadero movimiento masivo de estudiantes que, legítimamente y en orden, se expresa de manera contundente.

La siguiente columna es de Patricio Fernández y fue publicada en The Clinic On-Line. En ella se describe la marcha multitudinaria de la semana pasada.


Galería de Patricio Fernández

Recién regreso de la marcha de los estudiantes. No sé las conclusiones que sacarán los analistas de este desfile multitudinario, pero nada demasiado fino si no estuvieron allí.

Las estimaciones hablan de 70.000 personas. Ni idea. Contarlos uno por uno hubiera sido un delirio, mientras que perderse en medio del carnaval era tan natural como dejarse llevar por un río.

La gigantesca mayoría estaba constituida por pingüinos [escolares] y universitarios. Los viejos que sostenían lienzos y encabezaban columnas, eran casi todos seguidos por estudiantes.

El slogan izquierdista ortodoxo de las pancartas mejor elaboradas, no era exactamente el mismo de los gritos y los carteles artesanales. Supongo que por ahí entra la mano del PC [Partido Comunista], empresa especialista en intervenir movimientos sociales.

Pero no nos detengamos en minucias: los manifestantes -el Chile del mañana, como diría un político en tiempos de campaña-, vestían de modo variado y, a veces, estrambótico; no era rabia lo que emanaba de sus movimientos, sino más bien la felicidad de no saberse solos.

Bandas de música, escuelas de baile, asociaciones circenses, jóvenes disfrazadas, con el pelo de color, ninguna bandera partidaria (salvo la comunista por ahí), skeaters, federaciones estudiantiles, liceanas desacomplejadas…, todo esto fluía por la Alameda, hoy al mediodía.

Obligado a decir lo qué se pedía en la marcha, diría que mayor igualdad. Las consignas apuntaban todas hacia allá. Educación pública y gratuita, la misma para todos, mucho si se piensa desde el llano realismo, pero nada del otro mundo a la hora de soñar.

Es harto sensato pretender que los hombres nazcan libres e iguales en dignidad y derechos; de lo contrario, no arrancarían así la mayor parte de las constituciones jurídicas occidentales.

Había grupos de escolares que trataban de inepto al Presidente de la República en sus gritos. Le decían: “Wéa, aprende a gobernar!!!”. No quisiera estar en los pantalones de Piñera.

Tiene desordenado el frente interno, ha perdido el respeto dentro y fuera de sus filas, cada día se habla menos de su indiscutible inteligencia, ahora le dio con que era Inca, mientras la ciudadanía, desde los flancos más disparatados, le reclama un nuevo pacto.

Es uno de esos momentos en que algunos sudan de preocupación, al tiempo que otros se llenan de entusiasmo: los primeros porque van en retirada, y los demás porque juran que es su turno.

Habrá que ver el curso que toma este torrente. Arriesga ahogarse cualquiera que no lo tome en serio.