Crisis en el sur y en nuestra sociedad

9 mayo 2016 at 10:08

Descomposición

Cuando fue el paro de Brinks, tuvimos días y días de noticias respecto a los problemas que tenía la gente porque no había dinero en los cajeros automáticos, esa era la preocupación nacional. Recuerdo que cada vez que hablaban del problema me preguntaba: ¿Por qué están en paro? ¿Qué reclaman los trabajadores? Pero poco y nada se dijo en los medios. Todo era respecto a que no había plata en los cajeros.

Ahora tenemos un gravísimo desastre medioambiental en el sur, el daño ya está hecho y hay que adaptarse, buscar maneras de seguir adelante y, por supuesto, hacer lo necesario para evitar que suceda de nuevo. Ya que por lo que leo en la prensa, aparentemente es un hecho que el fenómeno fue gatillado por el tema de los salmones vertidos al mar (Corríjame si me equivoco).

Pero no! Lo que veo es gente pidiendo plata, bonos, negociaciones con el gobierno por plata, dirigentes queriendo ir a La Moneda y Lo Monedo (lo siento, tenía que decirlo)… ¿Para qué? ¿Qué tiene que ver la plata con su problema? Seguir ese camino es dejar el curso de acción clarísimo para las autoridades: Dejarlos contentos con plata inmediata para que no molesten y no preocuparse por solucionar nada. Más aún, ese afán por el famoso bono podría interpretarse como el uso del desastre natural como la oportunidad perfecta para pedir dinero gratis.

Sí, sí, entiendo, no me malinterprete. No creo que esa sea la intención de fondo, pero sí es el resultado del análisis simplista de la situación. Es verdad, sin poder trabajar esa gente no tiene fuente de ingresos y es una situación de emergencia. Pero ¿Qué pasa si el daño es irreparable? ¿Vamos a dar bonos indefinidamente?

Y vuelvo a preguntar lo mismo: ¿Cómo solucionamos el problema? ¿Qué hacemos ahora que tenemos esta situación? ¿Cómo nos adaptamos a la nueva realidad por complicada que sea? No veo información al respecto.

Mi conflicto es que tenemos toda una conmoción nacional por este problema, quejas y protestas. Pero ya está, no hay vuelta atrás, nadie va a hacer desaparecer la marea roja con una negociación. Hay que pensar en qué hacer ahora, ocuparse de ello.

Puede que los famosos bonos sean efectivamente la mejor manera de enfrentar la crisis inmediata, pero no entiendo la manía de enfocarse sólo en eso en vez del problema en sí mismo. Tampoco veo la necesidad de pelear, bloquear accesos y perturbar el orden público.

Esto último, muestra uno de los síntomas de nuestra enferma sociedad. Chile está enfermo, los desastres deberían unirnos, reafirmar nuestro sentido de comunidad, apoyarnos unos a otros. Pero desde un tiempo a esta parte nos dedicamos a apuntar con el dedo, a echar la culpa, a pedir que nos solucionen los problemas, a pelear con cualquiera que se interponga en lo que es de nuestro interés personal. ¿Será que nos pondremos a cortar calles y tirar piedras para el próximo terremoto?

El otro síntoma es que todo gira en torno al dinero. Los bonos, la gratuidad en la educación, la reforma tributaria, etc. Y no me malinterprete, no soy tan idiota para creer que el dinero es el malvado (Maldito Capitalismo!!!). El problema es de educación, es cultural, pero sobretodo educación.

Y no me refiero a forzar a los niños a leer 500 palabras por minuto o resolver integrales en primero medio. Me refiero a que no estamos desarrollando la capacidad cognitiva necesaria para enfrentar la vida. Todo se ha vuelto demasiado sencillo, nos acostumbramos a no pensar.

Es cosa de ver cómo enfrentan los medios la entrega de conocimientos. ¿Se ha fijado que, sin importar el tópico, a la hora de entregar algún conocimiento en televisión en alguna parte alguien dice “en términos simples”, “en fácil”, “para que se entienda” o un equivalente? Y muchas veces como advertencia: “Les vamos a explicar esto, pero en términos muy muy sencillos”. ¿Por qué tenemos que simplificar las cosas para la gente? ¿Por qué suponemos de antemano que no entenderán?

¿Por caminos sinuosos? ¿Fuera del recipiente? Más o menos, pero no tanto. Porque esa falta de capacidad cognitiva y la urgencia por simplificar todo ha hecho que muchísima gente tenga como única métrica para todo el dinero.

Más dinero para mí, mejor. Menos dinero para mí, peor. Gasto más, peor. Gasto menos, mejor. Tengo más, mejor. Tengo menos, peor.

Y hemos sobresimplificado la complejidad de la vida en una única dimensión, no hay más!

Claro! Con esa métrica es obvio que la gente querrá dinero a cambio y se molestará profundamente si no se lo dan. Con esa métrica es lógico que a nadie le importe qué le pasaba a los trabajadores de Brinks. Con esa métrica es lógico que la solución al problema de la educación es la gratuidad.

Con esa única métrica es lógico que jamás tendremos una sociedad justa, porque nadie pagará a un empleado lo razonable para que esté tranquilo y le pueda dedicar sus energías al trabajo como corresponde.

Con esa única métrica es lógico que todo se seguirá haciendo a medias, porque nadie aceptará el costo de hacer las cosas bien. Sin embargo, todos querrán que se hagan bien.

Y con esto quiero dejar en claro lo transversal de mi afirmación. Nos agarramos las mechas con el odio social, haciendo fiesta cuando insultan a Luksic o a algún poderoso. Pero al final del día, dudo que los valores y la integridad del chileno promedio sea diferente a esa gente que tiene poder e influencia, que evade impuestos, que abusa de clientes y empleados.

¿A tratado de entrar a la autopista cuando hay taco? ¿Cómo fue su experiencia la última vez que tuvo problemas con su celular? ¿Ha intentado bajar/subir en estación Los Héroes a las 7 de la tarde?

Esa gente desagradable que se topa en el día a día se queja igual que usted de los poderosos y ahí anda haciendo de las suyas en la medida de lo posible. No hay sentido de comunidad, no nos reconocemos como pares, no nos reconocemos como seres humanos.

En fin, ahora sí me salí del recipiente. Buenas noches!

Los Jóvenes de Hoy en Día

14 septiembre 2014 at 1:50

Hola! Me llamo Rodrigo, tengo casi 30 años y soy una persona cercana a la tecnología de la era digital, he trabajado en algunos proyectos interesantes y entiendo relativamente bien cómo funciona un computador desde la fuente de poder a la pantalla… Cualquiera diría que soy un sujeto que vive eso que le llaman “la modernidá”, pero la verdad es que soy un tatita.

Soy un viejo retrógrado por varias razones, partiendo porque me quejo de los jóvenes. Y es que de verdad soy de otra época, cuando chico había una sola tele en casa que se cambiaba con el clásico alicate, había que esperar como 10 minutos después de prenderla para que se encendiera de verdad y se veían sólo 3 canales decentemente, el resto no eran más que vagos fantasmas. Afortunadamente a veces me daban permiso para conectar el Atari, pero como no tenía la cajita con el interruptor de selección, enchufaba el conector de video a uno de los extremos de la antena que estaba roto, se veía con ruido pero podía jugar. Mis aventuras de vacaciones eran hacer hoyos en la tierra del patio con la ayuda del perro para echarle agua y emular todo un sistema fluvial que mi mamá tapaba apenas podía.

En casa podía pasar horas jugando con agua en el lavadero, escuchando mi cassette de Los Prisioneros (al que mi hermano le cortó la cinta con unas tijeras para molestarme, pero yo lo arreglé con Stic-Fix) o mirando (y leyendo) fascinado un libro que se llama “La Tierra y sus Recursos”, lleno de ilustraciones y datos interesantes de cómo funciona el planeta.

tierra_y_sus_recursos

El colegio era relativamente fome, mucha rutina y pocas cosas que me interesaran mucho. Lo que sí me encantaba cuando tenía que hacer un trabajo de investigación y/o una disertación, eran magnos eventos a los que debía dedicar toda mi capacidad y hacerlo tan profesional como fuera posible. En esa época era un desafío ir a la biblioteca, pedir prestado un libro que no sabías si te servía y buscar en él lo que necesitabas… Qué cosa tan tediosa!!

Había que leer, sacar cosas de varios libros, recortar el Icarito y si valía la pena calcar los dibujos de los libros en papel mantequilla para pegarlos en el informe, por alguna razón las hojas siempre quedaban sucias con ese maldito Stic-Fix!

Pero no me quejo en lo absoluto, no quiero hacer de este post una rutina de Dino Gordillo porque no tiene sentido. No era sufrida esa forma de vida para nada, aprendí mucho leyendo la Enciclopedia Visual que venía los domingos con el diario, con las revistas National Geographic que habían por ahí y hasta buscaba palabras aleatorias en el Pequeño Larousse si estaba muy aburrido jajaja. Lo hacía porque me gustaba, trabajaba duro para mis informes y disertaciones porque quería hacerlo bien (y porque era lo único en lo que de verdad trabajaba ya que no hacía las tareas y la profe siempre me retaba).

Hoy en día la realidad es radicalmente diferente, yo diría que desde la generación que ahora tiene 25 hacia adelante sus vidas han sido profundamente marcadas por las tecnologías de la información de una manera en que pocos en el “mundo adulto” son capaces de dimensionar aún.

Estos jóvenes crecieron en un mundo sin recortes, sin papel mantequilla, sin Icarito ni Enciclopedia Visual. Un mundo en que las tareas se las sabe el Sr. Google y la maravillosa herramienta de copiar y pegar permite hacer trabajos completos en minutos. Un mundo en que no hace falta tantear la parte del cassette donde está nuestra canción favorita ni esperar minutos antes de ver una película porque hay que rebobinar el VHS.

Para la juventud de hoy en día todo es instantáneo, descansan fuertemente en la tecnología para todo, no hace falta tener paciencia, tienen acceso a muchísimo contenido entretenido de manera inmediata. Los trabajos del colegio prácticamente se hacen solos y no necesitan esperar al fin de semana para hablar con sus abuelos o tíos. Están siempre conectados con los amigos y siempre hay algo que jugar en el tablet, algo que ver en la tele y por supuesto mucho que ver en Internet.

Todo esto en principio no tiene nada de malo tampoco, después de todo la tecnología se inventó para facilitarnos la vida ¿no? El problema es que todas estas facilidades impactan fuertemente en la formación de los niños, afectan su educación y las habilidades que desarrollan.

Por ejemplo, me ha tocado leer textos escritos por jóvenes universitarios y he encontrado varios problemas recurrentes en cuanto a redacción. Texto demasiado breve y poco descriptivo, muchas imágenes sin la debida explicación, falta de línea argumental o desarrollo lógico de ideas, mala ortografía, poca comprensión del tema que exponen, poco cuidado con el formato y las formalidades propias de un informe, etc.

¿Cómo relaciono esto con lo anterior? bueno, es la única explicación que encuentro para las enormes diferencias entre textos de este año con otros de hasta 2006 sobre un mismo tema, escritos por personas que en teoría están igualmente preparadas… Excepto que los jóvenes que hoy están haciendo estos informes tuvieron la facilidad de copiar y pegar desde pequeños, tanto texto como imágenes. Desarrollaron la habilidad de recolectar, fragmentar y compilar información, pero no la de redactar su propio contenido, lo cual explicaría su dificultad para elaborar textos descriptivos. Tampoco preparan debidamente las imágenes o gráficos, con frecuencia pegan en los informes capturas de pantalla que son muy difíciles de leer en un documento impreso, sobretodo en blanco y negro.

Si mi razonamiento fuera correcto, entonces podríamos decir que es terrible lo que ha hecho la tecnología ¿no? pues NO! Es muy fácil apuntar con el dedo, pero hacer juicios de valor sobre una tecnología no tiene ningún sentido, nadie diría que los automóviles son malvados porque a veces atropellan personas.

El problema acá es que en los últimos 20 años la humanidad ha cambiado de manera tan vertiginosa que hay una generación que creció sin ninguna guía, que fue criada pensando en un mundo que ya no existe, son los llamados “huérfanos digitales”. Lamentablemente para muchos de estos niños recargados de información y estímulos, sus padres no comprenden adecuadamente que esos aparatos que dejan tranquilo al niño están muy lejos de ser juguetes. La parte buena es que eso está cambiando, pero esta revolución de la información es más rápida que los seres humanos, los cambios culturales inevitablemente toman tiempo.

El acceso ilimitado a la información es maravilloso. Desgraciadamente, tal como pasa con la comida, el contenido más abundante y fácil de obtener es poco nutritivo para el intelecto, es alto en frivolidades y bajo en reflexión. Por lo tanto, tal como con la comida, hace falta supervisión y educación para formar a los niños con una cultura de consumo de información saludable.

Y está el efecto colateral que mencionaba antes, ahora encontrar información es muy fácil y eso ha vuelto más flojos a los jóvenes. Entonces, si es tan fácil “investigar” un tema, lo que nos queda es hacer algo con esa información ¿no? Ya no basta con encontrar el dato, ahora se les puede pedir a niños de cada vez menor edad que le den un sentido a ese dato, algo que no era tan directo cuando a un niño de 7º básico lo tenías calcando en papel mantequilla montones de dibujos de la primera guerra mundial. Todo ese tiempo se puede redirigir ahora, enfocar en dar un paso más.

Adicionalmente, una buena guía para el uso de esta herramienta llamada Internet, puede hacer muchísimo más interesante ese proceso de descubrimiento que yo viví con libros y revistas que terminaba mirando mil veces sin poder indagar más allá de lo que allí se decía.

Y no me vengan con que no se les puede enseñar a los niños a tener criterios, después de todo nos las arreglamos re bien para enseñarles que no hablen con extraños, que miren antes de cruzar la calle y que no se coman nada que encuentren en el suelo.

Como dije antes, los cambios culturales toman tiempo, pero también voluntad y trabajo. Es nuestro turno para poner esa voluntad y trabajo en que las próximas generaciones no sean “huérfanas” de nada y sean capaces de sacar a las nuevas tecnologías un provecho que nosotros, los viejos retrógrados, ni nos imaginamos.

La Guerra del Volumen (The Loudness War)

20 julio 2014 at 0:38

Esta historia se remonta a la navidad pasada cuando llegó a mis manos un CD de navidad de Luis Miguel que compraron en casa. Las canciones son simpáticas pero lo primero que uno nota al poner play es que se hace necesario bajar el volumen, suena muy fuerte.

lm

Ese detalle que puede parecer insignificante es la evidencia de una mala práctica que se hace cada vez más popular en la industria de la música y se conoce como “The loudness war” o la guerra del volumen.

Una magnífica explicación acerca de esta guerra por subir todo lo posible el volumen está publicada en la página del grupo Stormy Mondays así que si le interesa el tema, por favor léala.

Volviendo al CD de Luis Miguel, al escuchar los temas es evidente que los instrumentos pierden su “golpe”, que la música se vuelve monótona y llega a cansar. Tiene todos los síntomas descritos en la página de Stormy Mondays y se pone aún más feo cuando uno mira la forma de onda de alguno de los temas.

luis-miguel-waveform

La imagen muestra al primer tema del disco, sacado directamente del CD y por tanto sin pérdidas. Esa es la pared de sonido que sale del reproductor cada vez que uno apreta play y la razón por la cual es necesario bajar el volumen. Es tan aberrante el aumento de volumen que en varias ocasiones se sale de la escala, algo que según mi opinión debería ser ilegal para compañías que cobran por los discos ja ja.

¿Pero qué se puede hacer al respecto? Desde el lado de los oyentes no mucho ya que no existe una perilla que nos permita mejorar el rango dinámico de la música, el daño es permanente. Sin embargo hay mútiples iniciativas para generar conciencia de este fenómeno. Una de ellas es una página con una base de datos con estadísticas respecto al rango dinámico de los discos disponibles en el mercado y un numerito muy sencillo para hacerse una idea de qué tan bueno o malo es. El enlace:

http://dr.loudness-war.info/

Esta base de datos es colaborativa y abierta, todos pueden bajar un programita que saca estadísticas de los archivos en el PC y compartirlas. De hecho yo subí las estadísticas del dichoso CD de Luis Miguel con resultados que confirman mis acusaciones.

Además, hay mucho material en youtube al respecto con ejemplos en vivo que evidencian de manera clarísima el fenómeno aunque la mayoría está en inglés. De todos modos voy a recomendar un video en particular que tiene excelentes ejemplos y además aborda una normativa europea que regula esta práctica para evitar quizás el problema más familiar asociado a la extrema compresión del audio: El molesto volumen de los comerciales en la tele.

Saludos!!

Redes sociales y la agonía de las comunidades en línea

26 enero 2014 at 17:24

facebook

Hace 15 años Internet recién comenzaba a masificarse y como toda revolución tecnológica, su impacto en el mundo era aún insospechado. Soñábamos con todo lo que se podría hacer con esta nueva tecnología, comunicarse con cualquier lugar del mundo sin restricciones, con cualquier persona de cualquier cultura. Teníamos ante nosotros una herramienta que se estaba masificando rápidamente y podría eventualmente llevar a la unificación de la humanidad en una sola gran comunidad sin distinciones.

Por esos tiempos la gente recién comenzaba a disfrutar de los mensajeros instantáneos como el ICQ y las formas de socializar más populares eran los chats y los foros. Tanto un chat público como un foro eran básicamente lo mismo: un lugar común, público y abierto, muchas veces matizado por algún tema en particular en que la gente podía reunirse y conversar, compartir opiniones, conocerse y en definitiva hacer vida social con personas que podían estar en cualquier parte del mundo y provenir de cualquier realidad.

Yo llamo a los chats públicos y a los foros sitios tipo “plaza pública” en donde uno iba y se reunía con gente. Podías solo observar, quizás emitir alguna opinión, o quizás establecer una conversación privada con alguno de los participantes. Así podías empaparte de toda la diversidad presente, podías acercarte o alejarte de personas según tus afinidades, podías reflexionar sobre un tema e incluso cambiar tu perspectiva respecto a algo producto de la experiencia de otro. Esta enriquecedora experiencia nunca había sido tan accesible y sencilla.

Los sitios “plaza pública” eran los análogos virtuales de la manera natural de socializar del ser humano, pero eliminando las limitaciones de espacio e incluso de tiempo en el caso de los foros, ya que las conversaciones siempre estaban allí, no tenías que esperar a una hora específica para participar. Lamentablemente a los pocos años toda esta era de apertura entraría en una penosa y larga decadencia.

Con el surgimiento de las redes sociales, las “plazas públicas” fueron desplazadas por este invento que sin duda es mucho más seductor porque ya no tienes que ir a ninguna parte, todos vienen a ti. La mecánica de las redes sociales es que el mundo gira en torno a tu persona. Una terrible deformación de la realidad que se convirtió en la golosina perfecta para nuestro ego.

Hoy en facebook tú tienes tu propia “casa”, tu muro que te pertenece exclusivamente a ti y puedes hacer lo que quieras con él, entonces pones allí todas tus cosas. Este sentimiento de pertenencia es sumamente importante y explica por qué tanta gente olvida el hecho de que está publicando su vida privada en un lugar público. Ya no estoy caminando hacia la plaza para reunirme con mis amigos, símplemente digo lo que quiera en mi casa y mis amigos vendrán a verme… ¿Qué sensación más agradable tener la atención de todos no? Debe ser que se preocupan mucho por mí… Mentira!

En realidad tus amigos en sus propias casas reciben lo que dijiste en la intimidad de la tuya como si fuera un grito desesperado de alguien en su jardín. Este jardín que es un verdadero noticiero especialmente fabricado para el dueño de casa, que trae todo lo que sus contactos han puesto en sus casas, así puede enterarse de lo que hacen y no hacen, puede copuchar todo lo que quiera y nadie siquiera se da cuenta.

El resultado: fin de la apertura, nunca sales de tu casa sino que te limitas a leer el diario en tu jardín. No tienes acceso a conocer otras realidades pues las relaciones que estableces en facebook son básicamente una extensión chismosa de las que ya estableciste presencialmente. En facebook tampoco puedes salir a buscar nuevas realidades cómodamente porque si no estás dentro de tu casa estás dentro de la casa de un extraño. No hay lugares comunes, facebook es un lugar ficticio creado para cada uno, para todos es una página distinta, no es como la plaza en que todos ven la misma plaza, todos están en el mismo lugar.

Al igual que los realitys y los programas de farándula en la televisión, las redes sociales se aprovechan de nuestros instintos más primitivos y limitan terriblemente el potencial de una poderosísima herramienta de comunicación como es Internet.

Pero a diferencia de los realitys y los programas de farándula que puedes sencillamente no ver, las redes sociales no pueden ser omitidas tan fácilmente, sobreotodo porque en efecto son eficaces comunicando, al menos a un pequeño número de personas, lo que quieres decir y eso es algo que no puedo dejar pasar si creo que tengo algo interesante para compartir. Así que no podré aguantarme la tentación de gritar en los jardines de mis contactos acerca de este artículo apenas lo publique.

Saludos!!

Acerca de una modalidad editorial espuria

1 mayo 2012 at 23:21

El siguiente texto es un análisis profundo a la polémica modalidad editorial propuesta por la Editorial Académica Española (EAE). El documento fue elaborado por el Profesor Luis Carlos Silva Ayçaguer, Doctor en Ciencias Matemáticas (Universidad de Carlos, Praga) , Doctor en Ciencias de la Salud (Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana) y Profesor de la Escuela Nacional de Salud Pública de Cuba.

Sin duda, la rigurosidad y claridad con que el Profesor Silva aborda el tema, disipa muchas de las dudas que surgen al respecto.
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Acerca de una modalidad editorial espuria

Luis Carlos Silva Ayçaguer
Revista Cubana de Información en Ciencias de la Salud (ACIMED)
Vol 23, Nº1, 2012
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Un mensaje recurrente

Estimado Profesor [….]:

Me comunico con Usted representando al grupo editorial internacional de textos científicos, “Editorial Académica Española”. Consultando la base de datos de [….], encontramos una referencia a su trabajo científico [….]. Nuestra editorial está interesada en publicar en forma gratuita su trabajo como libro especializado de alta calidad y distribuirlo, en todo el mundo, a través de las librerías más importantes y reconocidas. Por ello me complacería saber si tiene interés en realizar dicha publicación. Agradeceré que incluya en su respuesta la confirmación de esta dirección de correo electrónico como medio de comunicación o que agregue una alternativa a la cual pueda enviarle información adicional. Esperando su respuesta, me despido de Usted muy cordialmente.

Atentamente, [….]

Departamento de Adquisiciones

Así rezan los mensajes recibidos en el último año por miles de investigadores de diversos países, y de Cuba en particular. En los espacios entre corchetes figuran los datos específicos: nombres del destinatario, de la base de datos consultada, del trabajo al que se alude y de la persona que remite el mensaje.

Según se recoge en diversos blogs y foros de discusión, en países de habla inglesa, miles y miles de personas del mundo académico han recibido un mensaje virtualmente idéntico por parte de VDM Publishing, siglas por las que se conoce la casa editorial alemana fundada en 2002 por Wolfgang Philipp Müller [1]). En realidad, “Editorial Académica Española”  creada en 2011, es una de las 27 subsidiarias de VDM Publishing, con lo cual queda claro que se trata de una misma iniciativa operacionalizada según una repartición de tareas en dependencia del ámbito geográfico-lingüístico que corresponda.

La oferta se dirige preferentemente a autores de tesis doctorales, de maestría o de grado, con la promesa de convertir dichos documentos en libros a la usanza convencional. En su propio sitio Web (www.eae-publishing.com) aclaran que “nos especializamos en la publicación de tesis, disertaciones y proyectos de investigación”. Ocasionalmente, sin embargo, se ofrece la incorporación de un manuscrito ya publicado en alguna revista dentro de un libro donde dicho artículo compartiría espacio con otros trabajos similares. Pero la modalidad específica de la oferta para la elaboración de un libro es en buena medida irrelevante, ya que la estructura conceptual y operativa del proceso es la misma.

¿En qué consiste la propuesta?

Identificada una tesis concreta, se le ofrece al autor convertirla en un libro sin costo alguno para él. Una vez que éste sube el material en formato pdf o Word, en el cual no puede mencionarse la Universidad o Instituto de procedencia del autor, la empresa decide si lo publica o no. Si decide hacerlo, la casa editorial retiene a partir de entonces los derechos de autor,  fija unilateralmente un precio y lo coloca en el circuito comercial (a través de instrumentos virtuales de venta tales como amazon.com o bookbutler.de, o bien por conducto de morebooks.es, la librería online de la cual VDM es propietaria) mediante el procedimiento conocido como “impresión bajo demanda” (Print-To-Order en inglés). Esto significa que los libros estarían en stock permanente y, cuando alguien solicite uno o más ejemplares, proceden a imprimir en papel las correspondientes copias y a enviarlas previo pago del solicitante. Si las ventas superan los 65 dólares dentro de un mismo mes, el autor recibirá el 12% de los ingresos que haya tenido la editorial. En caso contrario, no recibirá dinero líquido alguno.

Es decir, el susodicho libro se produciría realmente si el autor accede y si la empresa atisba que pudiera tener algunos compradores, aunque fuesen muy pocos. Si las ventas superan cierto monto, el autor efectivamente recibirá algún dinero por ello y, en cualquier caso, recibirá gratuitamente un ejemplar de la obra. La adquisición de más ejemplares por parte del autor supondría para éste el desembolso de una cantidad que oscila entre el 90% y el 60% del precio fijado para el libro, en dependencia del número de ejemplares que decida comprar. En ese sentido es una oferta en principio atractiva. Además, el consenso entre quienes debaten el tema en Internet es claro: no se trata exactamente de un timo ni de una maniobra ilegal.

Es, sin embargo, una estafa ética y científica.

Las interioridades de un modelo empresarial espurio

Arguyendo sibilinas consideraciones, se establecen algunas reglas altamente ventajosas para la editorial, la cual camufla su verdadero significado y anuncia presuntas ventajas para el autor que ocultan en realidad un inescrupuloso afán de aprovechar  su posible candidez. Veamos.

  1. Identifican a la presa mediante simples búsquedas en repositorios institucionales. Sin evaluar las posible virtudes del texto, se ofrecen para convertir en “libros especializados de alta calidad, todas las monografías, escritos científicos, tesinas, tesis de maestría, doctorales y posdoctorales, e incluso disertaciones y notas de conferencia, con una imagen de portada individual, como así también con sus correspondientes ISBN y código de barras” [2].  El mecanismo establecido no corrobora en absoluto la “alta calidad” que proclaman. Parten de que al autor le cautivará la idea de que así estén conceptuando su trabajo. Afirman textualmente que “identificamos aquellos [trabajos] que, debido a su calidad, actualidad y relevancia práctica, son adecuados para su publicación”. Esto es simplemente falso. Numerosos testimonios revelan que en el momento de proponer la publicación a un profesional, ellos no tienen información alguna fuera del título del trabajo, el nombre del autor y la institución en la que labora o laboraba cuando lo realizó.
  2. La empresa no hace ningún trabajo científico: ni revisión crítica, ni examen técnico, ni trabajo alguno de edición. Simplemente, si aparecen compradores, reproduce el material sin costo alguno para ella, agregando solamente una portada y una contraportada donde figura un resumen del libro y una nota curricular del autor.  Textualmente comunican que no modifican las obras debido a que “los manuscritos que aceptamos son de un alto nivel”. Tampoco realizan ningún tipo de corrección de textos, pues hacerlo, dicen, “no sería financiable.”
  3. Podría pensarse que, aunque sea, pondrían un diseñador para la portada y la contraportada (que es lo único que añaden). Craso error creerlo. Disfrazando la tarea como algo que puede realizarse con grados de libertad que otros no ofrecen, en realidad se las arreglan para que esta importante tarea especializada la realice el propio autor a través de un programa informático (a eso le llaman “participación” del autor en el diseño de la portada). Juzgue el lector lo que textualmente comunican: “Mientras que la mayoría de las editoriales impiden a los autores colaborar en el diseño de la tapa, EAE le permite al autor participar en esta importante decisión. Así, pueden crear su propia tapa siguiendo unos simples pasos en EAE Online y considerando unas sencillas especificaciones de diseño….que después nosotros revisaremos y aprobaremos”. En otro punto son aun más claros: “lo que hace EAE en el proceso de diseño de la tapa, es verificar que su título no entre en conflicto con ningún otro trabajo publicado y asegurarse de que la imagen de la portada (que ha de elegirse de la base de datos de imágenes de la empresa) se relacionen con el contenido del libro”. Una visita al catálogo de EAE (https://www.eae-publishing.com/catalog/) permite comprobar de inmediato que el diseño de la portada de sus libros sigue siempre el mismo esquema, plano y anodino, en el que solo cambia la imagen seleccionada por el autor.
  4. En cuanto al texto de la contraportada, tampoco está a cargo de lo que ellos llaman “el editor asignado” por la empresa para la producción del libro. “La contraportada incluye una descripción del contenido escrita por usted mismo” informan, a la vez que en otro punto prohíben que el susodicho “editor asignado” pueda ser mencionado en el material. Según testimonios recogidos en diferentes foros de Internet, los funcionarios del presunto “Departamento de Adquisiciones” que firman las cartas y figuran como editores asignados serían cientos, pues cada persona que ha recibido tales solicitudes da cuenta de que su carta está firmada con un nombre diferente.  De tales editores no se sabe nada y, en cualquier caso, nunca figuran en Google ni en ninguna parte como profesionales formados para esas funciones, lo cual ha hecho pensar sensatamente a no pocos destinatarios de las cartas que los firmantes prestan su nombre para dar una imagen empresarial falsa, y hasta que no son personas reales.
  5. Como si ello fuera muy atractivo, informan que “a cada libro publicado se le asigna un código único de ISBN, lo cual le permite estar disponible en todo el mundo”. Muchos colegas ignoran que el valor añadido que supone la obtención por parte de la empresa de un ISBN (International Standard Book Number) para un material, asciende a cero. La asignación de tal código la consigue cualquier editor (o individuo que se declare como tal) mediante un simple trámite burocrático libre de costo ante la agencia correspondiente de su país, el cual demora entre 2 y 10 días y que en muchos países se realiza ya por Internet.

¿Por qué estaríamos ante una estafa ética y científica?

Como puede verse, la susodicha editorial no realiza ningún trabajo editorial. Ni siquiera se confeccionan pruebas de galera o proofreadings. Todo lo hace el autor: escribir el texto, garantizar su calidad y producir la edición. Tampoco corre ningún riesgo. Si no se vendiera ningún ejemplar, no pierde absolutamente nada, ni siquiera tiempo, salvo el único ejemplar que envían al desolado autor (que no es más que la impresión de lo que éste les ha enviado a la que se ha adosado una carátula diseñada por el propio autor). Si se vendiera en una pequeña medida, la empresa se queda con todas las ganancias, y si resultara exitoso y se vendiera en cantidades apreciables, ésta devengaría casi todos los réditos con la ventaja de que se ha apropiado de los derechos de autor.

En cualquier caso, quitando las confusiones que deliberadamente tratan de inducir, la gestión de EAE y su casa matriz VDM no parece una fechoría en el sentido clásico, ya que el autor decide soberanamente si le interesa la propuesta, a la vez que ellos no incumplen lo que prometen. ¿Por qué entonces es un modelo empresarial espurio y una estafa científica? A mi juicio, lo es por varias razones.

En primer lugar,  porque se trata de un sistema que compromete la integridad de la ciencia. La Editorial Académica Española, ni es en rigor una editorial (en el sentido de que no realiza lo que tal denominación sugiere), ni es en definitiva española, ni mucho menos es académica, ya que no puede calificarse así a un equipo de mercaderes que no siente el menor respeto por la ciencia ni por la Academia, a la cual visualizan como una mera oportunidad para mercar. Ese equipo se comporta de manera opaca (por ejemplo, al exigir que no se mencione en el texto el nombre del editor, como si de una logia masónica se tratara) y prescinde del peer review, única garantía (aunque sea parcial) de legitimidad científica.

En segundo lugar, porque pretende convertir en libro a un documento que no es tal. Típicamente, una tesis de licenciatura (incluso una doctoral) carece de la estructura, del estilo y de la lógica conceptual de un libro. Ni tiene esa función social. Tampoco ha estado sometida, como es lógico, a las exigencias de un libro científico (muchas veces, ni remotamente).  Siendo así, el esquema de VDM también degrada la condición de “libro científico”.

En tercer lugar, porque aspira –y probablemente consiga- vender a precios exagerados algunos ejemplares a clientes encandilados por el aparatoso nombre de la editorial y por la no menos rimbombante declaración de que producen libros especializados “de alta calidad”, como se anuncia en el propio mensaje con que se inicia la presente reflexión . Una muestra aleatoria de 56 libros tomados del catálogo de EAE arrojó que el precio promedio de uno de estos libros es de 70 dólares y el recorrido de los precios va de 37 (el más barato) a 127 dólares (el más caro), cifras bastante mayores que las correspondientes a las de verdaderas editoriales científicas, tales como Díaz de Santos o Doyma en España.

En cuarto lugar, porque especula con que para la carrera de profesionales noveles resultará altamente ventajoso tener “publicado un libro”. Esto es falso, ya que haber publicado un libro de esta forma generará más suspicacias que prestigio. Varios académicos expresan en los foros de discusión consultados que un material con ese origen produciría una merma en la estima que merece su autor [3]. Es algo parecido a lo que ocurre con los “portales basura” (tales como www.monografias.com  o www.ilustrados.com ): aunque tales sitios pueden ocasionalmente contener  materiales de algún interés, la aparición de un artículo con esa procedencia en un curriculum vitae despierta reticencia,  e incluso burla, en quienes lo valoran, aunque solo sea porque tal trabajo comparte espacio con verdaderas aberraciones intelectuales allí colocadas sin ningún tipo de filtro.

Y en quinto lugar, porque VDM Publishing tiene una sombría historia de parasitismo intelectual con fines de lucro. El periódico suizo Berner Zeitung ha descrito las prácticas de esta empresa como algo que genera decepción, ya que oculta que los libros que vende son disertaciones de grado que suelen ser trabajos mediocres, que a duras penas han sido aprobados en los tribunales de tesis correspondientes, por los cuales, además, cobra precios abusivos. Wikipedia (nacida y desarrollada en el espíritu del acceso libre a la información) ha denunciado a VDM Publishing (véase http://en.wikipedia.org/wiki/VDM_Publishing) por publicar en forma de libros y vender sin suficiente aclaración sobre la naturaleza pública y gratuita de sus contenidos, decenas de refritos conformados con materiales literalmente extraídos de dicha enciclopedia. La empresa se ha defendido con el bochornoso argumento de que los materiales de Wikipedia son de muy alta calidad y que ejerce el derecho que le confiere la naturaleza libremente utilizable de sus materiales.

VDM Verlag y EAE suscitan el rechazo de diversas instituciones de alto nivel como, por poner dos ejemplos, la Universidad Simón Bolívar de Venezuela (véase http://usbnoticias.info/post/14362), que ha advertido oficialmente a sus alumnos y profesores que no avala las obras de dicha editorial por carecer del debido rigor académico, o la Colección de Textos para la Investigación de Alto Nivel  (Higher Education Research Data Collection-HERDC) de Australia, que tiene vedada la incorporación de títulos de ese origen por la misma razón.

Comentario final

Aunque en nuestro país, en especial es el caso de INFOMED desde su misma fundación,  se apuesta por desarrollar y explotar el movimiento de acceso abierto a la información, reconocemos la legítima existencia de diversas formas de  comercialización de contenidos científicos. Sin embargo, no todas sus modalidades son igualmente válidas, ni desde el punto de vista ético ni desde la perspectiva científica. Los profesionales deben sopesar con conocimiento de causa sus decisiones en esta materia. El propósito de la presente reflexión, abierta a debate, es precisamente contribuir a la comprensión de los peligros a que nos enfrentamos si nos conducimos de manera ingenua o irreflexiva ante propuestas como las que nos ha ocupado en este caso, que no es la primera ni será la última.


[1] Las iniciales VDM corresponden a Verlang Dr. Müller, aludiendo a su fundador y a la Empresa Verlag.

[2] Tanto este texto entrecomillado como algunos otros que figuran más adelante han sido tomados de la publicidad que envía EAE a los académicos.

[3] Por ejemplo, uno de ellos dice textualmente “I can’t say I have much respect for people who feel their research gains legitimacy because they put a hard cover on it and charge US$100”