El problema con las niñas brillantes

8 marzo 2011 at 17:05

Hoy es el “Día Internacional de la Mujer”, fecha que los medios han utilizado para regalar flores y “felicitar” a las mujeres por el simple hecho de que el azar hizo que su padre aportara un cromosoma X en vez de un Y al momento de la fecundación. La facilidad con que los medios simplifican todo es impresionante y me hace creer que es un componente que entorpece el proceso de superación de nuestros problemas sociales, pero eso lo dejaré para un post fuera del recipiente.

El originalmente “Día Internacional de la Mujer Trabajadora” surge al final del siglo XIX como parte de los movimientos sociales que marcarían el siglo XX. El objetivo ya lo conocemos: la igualdad de la mujer en un mundo claramente machista. Por eso me gusta pensarlo como el “Día de la Igualdad de Género”, un día para analizarnos y pensar qué nos hace falta para tratar a todos los seres humanos con igualdad, sin distinción de género.

A un siglo del primer Día Internacional de la Mujer es muchísimo lo que nos falta, pues vivimos en una sociedad que no confía en las capacidades de las mujeres, llena de prejuicios que incide en la seguridad que ellas tienen de sí mismas. Un artículo realizado por la Doctora Heidi Grant Halvorson, sicóloga motivacional, apunta hacia una postura diferente de las niñas respecto a los niños ante los desafíos ya a corta edad. Cito su artículo:

Las mujeres exitosas sabemos muy bien que en cualquier profesión dominada por los hombres, muchas veces nos encontramos en clara desventaja. Somos rutinariamente subestimadas, subutilizadas e incluso con pagos inferiores. Los estudios muestran que las mujeres necesitan desempeñarse a niveles extraordinariamente altos, sólo para aparecer moderadamente competentes comparadas con sus compañeros hombres.

Pero en mi experiencia, las mujeres inteligentes y talentosas rara vez se dan cuenta de que el obstáculo más grande que deben superar, reside en su interior. Comparadas con nuestros colegas hombres, juzgamos nuestras propias habilidades no sólo más duramente, sino que fundamentalmente diferente. Entender por qué hacemos eso es el primer paso para corregir un terrible error. Y para hacer eso, necesitamos ir atrás en el tiempo.

Si eres una profesional exitosa hoy, es bien probable que hayas sido una “niña brillante” en el quinto grado. Mi asesora de posgrado, la sicóloga Carol Dweck (autora de “Mindset“), condujo una serie de estudios en los 80’s, en busca de cómo las niñas y niños destacados de quinto grado enfrentaban material nuevo, difiícil y confuso.

Encontró que las niñas destacadas, cuando se les daba algo que aprender que era particularmente extraño o complejo, se rendían rápidamente; mientras más alto fuera el C.I. de las niñas, más fácilmente tiraban la toalla. De hecho, las niñas más destacadas tuvieron la mayoría de las respuestas sin pedir ayuda. Por otro lado, los niños destacados vieron al material difícil como un desafío y lo encontraron motivante. Fueron más propensos a redoblar sus esfuerzos en vez de rendirse.

¿Por qué pasa esto? ¿Qué hace que las niñas inteligentes sean más vulnerables y con menos confianza cuando debieran ser las de mayor seguridad en el salón? En el 5° grado, las niñas usualmente superan a los niños en todos los temas, incluyendo matemáticas y ciencias. Entonces, no hubo diferencias entre los niños y niñas en capacidad, ni en su historia de éxitos pasados. La única diferencia estaba en cómo las niñas y niños brillantes interpretan la dificultad – lo que significó para ellos cuando el material lo encontraron difícil de aprender. Las niñas brillantes fueron mucho más rápidas en dudar de su capacidad, de perder confianza y convirtiéndose en estudiantes menos efectivos como resultado.

Los investigadores no han cubierto la razón para esta diferencia en cómo la dificultad es interpretada, y es simplemente esto: Más frecuentemente, las niñas creen que sus capacidades son innatas y no se pueden cambiar, mientras que los niños creen que pueden desarrollar su capacidad a través del esfuerzo y la práctica.

¿Cómo las niñas y niños desarrollan estos diferentes puntos de vista? Seguramente, tiene que ver con el tipo de realimentación que reciben de sus padres y profesores como niños pequeños. Las niñas, que desarrollan el autocontrol más tempranamente, son más capaces de seguir instrucciones, usualmente elogiadas por ser “buenas niñas”. Cuando lo hacemos bien en la escuela, nos dicen que somos “muy inteligentes”, “muy hábil”, o “qué buena estudiante”. Este tipo de elogios implica que aspectos como la inteligencia, la habilidad y el ser buena estudiante son calidades que tú las tienes o no las tienes.

Los niños, por otro lado, son más inquietos. Sólo tratar de que los niños se sienten, se queden allí y presten atención es un verdadero desafío para cualquier padre o profesor. Como resultado, los niños tienen mucha más realimentación con énfasis en el esfuerzo (e.g., “Si prestaras atención, podrías aprender esto”, “Si te esforzaras un poquito más lo entenderías bien”). El resultado neto: Cuando aprender algo nuevo es verdaderamente difícil, las niñas lo toman como una señal de que no son tan “buenas” e “inteligentes”, mientras los niños lo toman como una señal para prestar atención y esforzarse más.

Continuamos llevando estras creencias, usualmente inconcientemente, con nosotras a través de nuestras vidas. Y como las niñas brillantes son particularmente propensas a ver sus capacidades como innatas y fijas, crecen como mujeres que son muy duras consigo mismas – mujeres que concluyen prematuramente que no tienen lo que se necesita para tener éxito en un área en particular, y se rinden muy pronto.

Incluso si todas las desventajas externas que pueda tener una mujer para llegar a la cima de una organización desaparecieran – todas las desigualdades de oportunidades, todos los estereotipos chauvinistas, todos los desafíos que enfrentamos equilibran el trabajo con la familia – nosotras aún tendríamos que lidiar con nuestras creencias equivocadas acerca de nuestras capacidades, nosotras podemos ser nuestro peor enemigo.

¿Qué tan seguido te encuentras evadiendo desafíos y yendo a la segura, asumiendo objetivos que sabes que serán fáciles de alcanzar? ¿Son esas cosas que decidiste hace mucho que no eras buena para ellas? ¿Habilidades que creías que nunca tendrías? Si la lista es larga, probablemente fuiste una de las “Niñas Brillantes” – y tu creencia de que estás “pegada” siendo exactamente como eres, ha hecho más para determinar el curso de tu vida de lo que seguramente nunca imaginaste. Esto estaría bien si tus capacidades fueran innatas y fijas. Pero no es así.

No importa la capacidad – si es inteligencia, creatividad, autocontrol, carismatica o atlética – los estudios muestran que son profundamente maleables. Cuando se trata de desarrollar cualquier habilidad, tu experiencia, esfuerzo y perseverancia importan muchísimo. Entonces, si fuiste una “Niña Brillante”, es tiempo de botar tus (equivocadas) creencias acerca de cómo funcionan las capacidades, abraza el hecho de que puedes siempre mejorar y conseguir la confianza para enfrentar cualquier desafío que perdiste hace mucho tiempo.

Según la doctora, la causa no sería necesariamente discriminación, sino que una respuesta insospechada a cómo tratamos a las niñas al ser ellas más “maduras” que los niños a temprana edad. Ciertamente un tema que da para debatir al respecto.

Los problemas de igualdad son producto de muchísimos factores, siempre se habla de los externos y me pareció interesante abordar también algo interno. Dejar de discriminarnos es tarea de todos, mujeres, hombres, niños y niñas. Ojalá que los cambios que estamos comenzando a ver en nuestra sociedad lleguen a un entendimiento profundo de que un ser humano no puede valer más que otro y no a una nueva realidad discriminatoria pero de otra forma.